jueves, mayo 23, 2013

The life of Pi (la vida de Pi)



“Una prueba elegante de Dios,
y el poder de contar historias".
Barack Obama.

Del libro ya habíamos leído cualquier cantidad de cosas, ya lo que el presidente le envía al autor, ¡qué honor! Ya lo que expertos críticos expresaron. Ahora toca el turno a la película; pero no vamos a entrar en ella, antes de conocer algo de su autor y de su intríngulis.

La vida de Pi (The life of Pi) es una maravillosa novela de mutaciones, de ilusiones, de cambios, donde, o sales de tu zona de confort, o te mueres. Escrita por el canadiense Yann Martel, quien afirma que la novela permite que el lector se acerque a Dios. Cuenta la historia del protagonista Piscine “Pi” Molitor Patel, un joven de la India, que indaga sobre la religión y la espiritualidad; y sobrevive doscientos veintisiete días en un bote junto con un Tigre de Bengala después del naufragio de su barco en el Océano Pacífico.

Esta historia es real y fue contada al autor mientras estaba buscando inspiración para una nueva novela Como cuenta su autor en un ensayo que titula: How I Wrote Life of Pi. (Como escribí la vida de Pi) Y nos dice:  “Me imagino que la mayoría de los libros proceden de la misma combinación de tres elementos: la influencia, la inspiración y el trabajo duro.” Tanto el libro como la película, créanme fue una deliciosa combinación de estos elementos. Hasta el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama le envía una carta al autor y le dice que es “una prueba elegante de Dios, y el poder de contar historias", como dice el subtítulo.

Es trasladada al cine por el director, ganador del Oscar, Ang Lee, gracias al guión adaptado por David Magee y un elenco que cae sobre el debutante niño Suraj Sharma quien hace de narrador, en una retrospección que hace de adulto, viviendo en Canadá al contar la historia.

Es, en definitiva,  un drama trágico, conmovedor, emocionante y en ocasiones terrorífica (desde la muerte de toda la familia de Pi en el naufragio, pasando por la tensa relación que mantiene con Richard Parker (el tigre); y es allí que tiene significado y peso específico la trama. Como no perturbarnos cuando creemos que ha llegado a tierra y descubrimos junto al niño que estaba descansando en una isla carnívora junto a millares de una especie de hurones-ratas que daban asco y horror.

A todo esto se suma, de manera incuestionable, el excelente trabajo técnico realizado para la película. Tecnológicamente grandes tiros de cámaras, excelente fotografía… efectos especiales mágicos que ayudan a contar una historia surreal dejando al espectador fascinado y cardíaco… y muy pegado al devenir de los naufragantes…hasta suponernos en su  lugar, en determinados momentos de clímax. 



Y es que detrás de la vida de Pi hay "una combinación, que hace pensar, de alegoría religiosa densa, tradición zoológica y cuento de aventuras apasionante, escrito con calidez y gracia". Como dice, Brian Bethune.

O como dice, Master Plots: "el tema central de La Vida de Pi tiene que ver con la religión y la fe humana en Dios.”

La ciencia y la religión o la espiritualidad son importantes en Pi. Se debe combinar su conocimiento de la ciencia zoológica con su fe con el fin de sobrevivir en el bote salvavidas. Pi acepta tanto las percepciones como parte de la comprensión del mundo. La ciencia biológica, la lógica y la espiritualidad sufí. Enseñanza que fue otorgada por el kumar. Por el profesor de Zoología y lo aprendido en su infancia acerca de los “profetas”.


Y obviamente no estaría aquí tratando de hilar palabras vacías si no tuviera algún mensaje positivo de fondo.
No los invitaría a rentar o comprar o ver en algún canal de cable esta apasionante película si no le pudiéramos dar significado a una travesía con tantas penurias. Detrás de cada acto se esconde una moraleja sobre la amistad y la supervivencia, sobre la fe y la vida en el más puro estado salvaje, sobre la conexión entre un hombre y un tigre de bengala. Y, justamente me recuerda el discurso de John Rawls en su libro “Teoría de la Justicia”,  llamada “posición original” sobre lo de “volver al origen” para propiciar que los seres humanos se vean todos vulnerables, como son. Ni más poderoso, ni más bello o talentoso… todos con la carne trémula y los poros abiertos, muertos del miedo a lo desconocido. A las contingencias de un mar abierto, con salas de aguas tormentosas; aposentos huracanados y una oscuridad vacía. Sin ningún artificio modernista al cual echar manos para salvar su pellejo. Sólo la fe y la astucia del hombre del neolítico.
Cuando ese niño enfrentaba a ese tigre prepotente, con unas garras afiladas y una boca que puede contener su cabeza y tragar su cuerpo sin ninguna dificultad. Pero había algo: existía la complicidad entre sus miradas.
Existía la certeza de que ambos se tenían el uno al otro. Me atrevo a pensar que si los humanos brindamos esa mirada de tolerancia, de confianza, de amor, de complicidad y de aceptación, las barreras entre humanos se derribarían. Que lo que divide a un humano de  otro son las distancias, los sentimientos, las dichosas diferencias que no son más que circunstancias que le pone la vida a cada cual.

Otro punto importante es acerca de la credibilidad de la historia, esa pregunta al aire: ¿Qué prefieres, la historia del tigre o aquella en que el protagonista termina matando al cocinero por asesinar a su madre y a un marinero?

Nadie le creyó al indio sobre cómo logró sobrevivir solo en un océano junto a un tigre de bengala. Y tiene que inventar una historia alternativa, ficticia, de muertes y asesinos.

Life of Pi no solo es un éxito por su excepcional y entretenida historia y por su técnica, si no por insuflarle significado y alma a un viaje que podría haber naufragado de la misma forma que su protagonista.

A todo esto se suma, de manera incuestionable, el excelente trabajo técnico realizado para la película. Tecnológicamente grandes tiros de cámaras, luces, efectos especiales, excelente fotografía… efectos especiales mágicos que ayudan a contar una historia surreal dejando al espectador fascinado y muy pegado al devenir de los naufragantes…hasta ponerlo en su lugar, en determinados momentos de clímax.

“El mundo no es sólo la forma en que es. Es nuestra manera de entender, ¿no?”
Cómo interpretamos la realidad puede ser, como lo es para Pi, nuestra fe. Tenemos que creer en algo más allá de lo visible. And so it goes with God.”  Nos dice, finalmente… Yann Martel.

Director: Ang Lee. Adaptación-Guión: David Magee. Reparto: Suraj Sharma es Pi.  Gerard Depardieu tiene un pequeño papel. Música: Michael Danna.

*Esta película gana 4 Óscar en la reciente entrega de los premios de la academia. Gana la dirección-fotografía- banda sonora y efectos especiales.

Debemos decir que han surgido detractores de la película que afirman que todo fue hecho en computadoras, etc. En interiores… pero los resultados hablan por sí solos. Yo la recomiendo.

Elizabeth Quezada.


miércoles, mayo 22, 2013


Être psychanalyste, c'est simplement ouvrir les yeux sur cette évidence qu'il n'y a rien de plus cafouilleux que la réalité humaine.J. Lacan.

jueves, mayo 16, 2013

Diario de una lunátika



-6-
Y todo comenzó bailando…

 Cómo explicar cuando quedamos suspendidos en el momento exacto de esa mirada- chispa de luz, irradiación total, entre un apagón de realidad y un viaje etéreo dentro de aquel bullicio-susurro que acaricia los vellos erectos de una piel muerta por una decepción prematura. Rostros disímiles, pieles multicolor, juventud, belleza y senectud, todos con un mismo don: dibujar y pintar, crear realidades y fantasías, o puedo decir en este caso: copiar la belleza estampada por otros.

Con sus idiomas natales y sus lenguas heterogéneas platican entre unos y otros; y todo se siente como en una babel postmodernista. Y un sorbo de café caliente nos perfora la garganta… y nos presentaban, y me pedían confirmación a una pregunta:
-¿Eres dominicana? Sí, le contesté, Paula es mi nombre, y saliendo abruptamente de aquel éxtasis a primera vista. El olor del tinto embriagaba nuestros sentidos pues ya hervía en nuestra sangre insular la pasión. Nos hicimos el amor con la mirada. Mientras uno decía: -I`m David, hi… otro decía: - yo soy Javier (un joven bohemio de  pelo largo y enredado; algo desprolijo). Luego una barbie de cuatro décadas  replicaba tímida y con cierta gracia: -Me, Valentina (con marcado acento ruso); luego me entero que era la más valiosa y virtuosa de todos. Exenta de todo ego, trasparentaba una mujer sufrida con una personalidad endeble. Luego ella misma nos destaparía sus complejos, sus miedos a vivir sola, a ejercer la libertad que nos ofrece la democracia y esa gran nación americana, que ella aprecia de reojo por la vida austera y llena de necesidades que conoció desde pequeña en su Rusia comunista.

Un joven más aturdido que yo, me dice: -Yo soy Boris. Ruso pero con acento distinto a Valentina. Luego me entero que fue soldado y tenía muchas cargas sicológicas por las tragedia que vivió en los conflictos armados.
La  primera compatriota que trabajó en esa galería es una popular y ojialegre morena, con un ajustado trasero -cuando todavía no se ponían silicón en las nalgas las mujeres-, me dice: Soy Santa (con todas las características de una diabla que luego corroboré). Un peruano se acerca y me dice: Soy Hugo. Y otro compatriota, muy reconocido en nuestro país por su técnica depurada, me saluda y se introduce: -Soy Minier-. ¡Que placer!, le contesté. Y así todos me hicieron sentir como en casa. La verdad que esos años fueron realmente dorados, me sentía nadar con la corriente. Fui siempre contracorriente de todo tema, situación y estilo de vida hasta que llegué junto a ellos. O, mejor dicho, desde que llegué a New York. Los países desarrollados tienen la virtud de desnudar al individuo en sus temores y crearle una piel nueva o coraza a fuerzas de aprendizajes intensivos.

Todos descorchaban refrescos y envases de comidas en tupperware  congeladas, listas para usar el micro y calentarla; cuando no…algunos la ponían desde temprano a orillas de los tubos de calefacción del sótano. Un sótano ligeramente enmohecido y oscuro donde  guardaban los tarros de pintura y pastas modeladoras que se usaban en los lienzos y donde los ebanistas lijaban, pulían, templaban la tela, brillaban y terminaban las obras de arte copiadas y originales. Luego de caer las torres ese septiembre once, ya nada fue igual.  Fue otra historia.
Cuando salimos del mutismo de la presentación, José Ramón, que al parecer era centro de atención en el lugar, ya por su liderazgo que luego descubrí. Ya por sus discursos interesantes. Fue uno de los hombres más cultos que me honra conocer. Luego me entero por él y otros que definitivamente yo era la cara femenina de su personalidad, como su cruz, su alter-ego, su mujer ideal. Ambos fuimos amigueros, bailadores; pero lectores compulsivos, reflexivos y una mezcla de filósofos-pedagogos. Era un hombre sabio y fuerte: de firmes convicciones, moreno, grande, entre liberal y marxista. De ojos rasgados, mirada seductora, que presagiaban un infiel empedernido. Dios nos cría y yo los busco, o será que emano algún aroma que los atrae. Estaba asistiendo a una crónica de una pasión con fecha de expiración. En todo el día se escucha en el taller la radio que el ebanista encargado, pone a todo volumen, especialmente a la hora del lunch o almuerzo.
Minier, expresó en voz alta, que yo debía bailar bien por la fama que tenemos en el país de ser buenos bailadores; y el cubano, (ni tonto ni perezoso se le adelantó) aprovechando la situación, me invita a dar unos pasos de una salsa (específicamente una salsa del dominicano José Alberto, el canario, de título “bailemos otras vez”). A propósito, el ebanista era un viejo boricua cascarrabias a quien quise mucho pues me daba muy buenos consejos y me quería proteger de los “leones” del lugar.  
Acepté la invitación a probar mi nivel de baile y lo hicimos. Y nuestras manos sudadas, sucias: con acrílicos y pasta por doquier se tomaron. Y a pesar del temblor en las piernas demostré de qué estamos hechas las dominicanas. Presentí que le gusté mucho, demasiado. Seguimos comiendo juntos, salíamos afuera, a la pizzería, a Mc Donald’s al frente, a la taberna de los portugueses en la Madison, a una pastelería italiana muy famosa en el east Park Avenue; y poco a poco se nos unieron uno, dos, hasta que fuimos siete amigos latinoamericanos, (dos mujeres y cinco hombres) unidos para divertirnos, conversar, filosofar y hablar del arte. Rememoramos los años dorados del arte en Francia de la mano de Zola, Gauguin, Van Gogh,  en los café del village y de Soho.
Bailamos y nos miramos con una mirada vieja. Me vuelve a mirar y me mata, y me dice: -Bailaría toda una vida contigo. Todo se volvió a oscurecer. Supe por qué el amor era ciego, torpe, como fiebre o virus que se pega, dura lo que quiere a pesar de los antibióticos y las curas…hasta que se muda, sin avisos, sin notificaciones y sin anestesias. Sólo arranca la máscara que nos puso en los ojos y se marcha. Y todo comenzó bailando… y como dice la canción a ritmo de salsa de Franklin Ruiz, “entramos en calor bailando… y todo comenzó bailando”…
Luego de esa mirada, ese baile, pasaron varios meses y nuestra amistad parecía perfecta. Muchos meses de conversaciones fortuitas, risas, pinceles y filosofía. Rosas, notas, más miradas perdidas cómplices, toques tímidos, manos agarradas al caminar por esos museos, esos salones de exposición privada, esas vitrinas verticales en el Times Square. Esos sudores en invierno… y, una tarde, luego de una exposición en Chinatown y embriagados por el vino- y los cuentos, y la risa, siempre la risa (nos unió desde el primer día)… esa armonía que nos hacía girar dentro de una burbuja de algodón dulce y salado. Y la lluvia que nos mojaba al salir a tomar el tren seis que nos conectaría con nuestras realidades.
Y el deseo crecía y nos perseguía desde aquel día, desde aquella mirada, desde aquel baile
Y como atleta disciplinado, el deseo nos atrapó en la veintitrés y Park… y nos besamos como dos adolescentes sedientos. Sin escondernos a la luz de todos. Y no importó nada. Ni la lluvia, ni los carros amarillos, ni los edificios que besan al cielo, ni la gente invisible  que transita y habla sola alucinada, anárquicos y nihilistas, ni los grupos de ortodoxos en sus hábitos… todos se esfumaron. No existían. Sólo nosotros y nuestra pasión archivada desde aquel mediodía donde todo comenzó, luego de la mirada…bailando.








Can't take my eyes off you.



-5-
Y sin ser lineal, nunca lo he sido, más bien viajo en círculos como el vicio mefítico de rodar cual rueda sin plaza ni puerto seguro. Y me estanco en aquel espacio, aquellos años dorados cuando me convertí en la mujer-maniquí casi diosa de barro de un parisino exportador de amores y frutas: vegetales congelados también. Tengo la descarada manía de escuchar música que me lleve al momento que platico. Esa música catalizadora que fermenta como la  levadura que me vulnera y me transparenta cual si fuera un espejo que puede estallar en cualquier instante. La música me hace reparar en el momento correcto y desdibujarlo en palabras casi exactas: la realidad y la utopía se zigzaguean como la arena y el mar.   Y escucho “mi historia entre tus dedos” en la voz de Eros Ramazzotti y tiene tanto sentido sentir que en el amor nos entregamos ciegos a sabiendas que podemos amanecer en un barranco desnudos vueltos lobos, lobas, sin piel, o con la boca cubierta de sangre. Nos matan o matamos. Depende de qué lado se enfoque.

Y conocí, gracias a sus negocios la extensa variedad de frutos que en mi país se lo comen los puercos, los cerdos –sin ser perlas- y cómo se repite la historia de que los conquistadores nos roban el oro de la tierra que nuestra ignorancia no descubre. Y tengo que admitir que me enseñó tantas cosas que sólo en su ausencia ventilo. 
 Itinerante vago sólo con él en mi cabeza y esos olores de salmón ahumado dejándose bañar por un rico hilo de mantequilla sobre la verde clorofila que las espinacas quedan al vapor, ligeramente blanqueadas. Y le ponía ajo, mucho ajo: ajo que se sienta profundo tocar el cielo de los paladares ingenuos, neófitos, como el mío en ese momento. Ajo que espante los demonios del cuerpo tercermundista: con tantos tabúes y traumas, decía él. Ajo que nos sacuda el deseo incrustado en los huesos ya salados del sudor. Y entre lascas de salmón embarrado de mantequilla que deteníamos a besos y roquefort, copas de un selecto vino blanco.

Y por último, la sal y la pimienta que expelen nuestros cuerpos que se amaban bajo el calor caribeño junto a la mar embravecida del norte, mi región, en algunos casos; o en la quietud de nuestra íntima alberca en una zona exclusiva de la Capital, donde las palmas y los grandes follajes del jardín   privado de nuestra residencia nos escondían ex profeso, del bullicio del diario –sobrevivir-, allá afuera, a doscientos metros de la realidad idílica de esos años ámbar; viviendo en el paraíso para pasar  luego de los siete años, como pacto sacro, al infierno del divorcio. Y si por  él tuve que pensar y hablar en francés con un ambiente en español que me condenaba en lo expreso, ahora tengo que preferir el inglés para arrancarlo de mi piel, de mi lengua, de mis memorias.

 ¡Es que no puedo, no puedo sacarlo de mi mirada interna! Me hizo reina para convertirme en esclava de su recuerdo, presa de un sentimiento dividido, compartido. Es muy duro  para un ser humano ver en los ojos del amado el retrato de la otra u otro. No lo puedo decir como Aleixandre, el poeta, pero lo viví con él. Viví la agonía de verlo alejarse cada vez que sus ojos se perdían en las nubes y en la indiferencia.

Te veo en todas partes. Eres como un fragmento de mi todo, de mi historia, de mí antes y después. Can't take my eyes off you. ¿Debo arrancarme la mirada para no verte? Debo romper la piedra de mi corazón que como ámbar guarda trozos de insectos, fósiles inservibles que una vez fueron y ya no son. Pude seguir con él, porque me amaba; pero no quise, no me conformo sólo con un profundo amor. Lo quiero todo o nada. Y la pasión la mudó a otros brazos.

Luego de esto yo no busqué la pasión; pero ella me encontró trabajando en Park Avenue. La encontré teñida de óleos y lienzos. Vestida de piel morena, piel caribe, la pasión se arrojo a mis brazos. Todo sucedió luego de una primera mirada. Esa pasión duró tres años. Él era un imponente ejemplar de hombre desarrollado, educado, artista, restaurador de obras que lo tenía todo: inteligencia, sensibilidad, carisma…pero; -siempre existen los peros-, todo ese especial no podía estar solo.






lunes, mayo 06, 2013

Relevancia de la poética de Walt Whitman en América.


Poesía de América... Él es América
 Ezra Pound


Walt Whitman nació en Long Island, el treinta y uno de mayo de mil ochocientos diecinueve, de padre inglés y madre holandesa, cuyos antepasados habían llegado a América en la primera mitad del siglo diecisiete. Su padre, carpintero, fracasando en un intento por hacerse granjero, se mudó de West Hills a Brooklyn. Luego de cinco años de escuela primaria fue enviado a una imprenta para que aprendiera el negocio de impresor y en mil ochocientos treinta y cinco comenzó a trabajar en el oficio. Un año después se hizo maestro y de allí en adelante, editor; maestro y columnista.

Por un tiempo vivió en New Orleans y luego regresó a New York a través del Mississipi y la región de los Grandes Lagos. Allí dirigió una imprenta, construyó casas y especuló en negocios de bienes raíces. Pasó gran parte de su juventud recorriendo los teatros y la ópera en New York y Long Island, asistiendo al teatro para ver representaciones de Shakespeare, decía, que sin esto no habría podido escribir Hojas de hierba.  Y es que la fascinación por el Midtown de Manhattan, el Teatro Colón, donde se instaló la academia de música, o el Central Park, por no decir Union Square o donde se erige el hoy Timesquare, preñado de luces y de salas de representaciones teatrales, de ballet, de ópera, de música de cámara, de presentaciones poéticas, que compiten en la selección de los visitantes. La gente haciendo filas larguísimas en el Broadway de hoy, porque vienen del otro lado del mundo a presenciarlas. También de  todos lados del mismo territorio norteamericano. La verdad que ese es el New York que Whitman amó, que amamos.      

Animado por una carta personal de felicitación que le envió el ensayista y poeta Ralph Waldo Emerson, Whitman se apresuró a preparar una nueva edición de Hojas de hierba (1856), que contenía numerosas revisiones y añadidos, y que fue la primera de una serie de reediciones retocadas que el poeta iría realizando a lo largo de su vida. El poema más significativo de esta edición de 1856 es -“En el transbordador de Brooklyn”-, en el cual el autor reúne a todos sus lectores del pasado y el futuro a bordo de un transbordador marítimo. En la tercera edición del libro (1860), se empiezan a encontrar poemas más alegóricos. Así, en -“La cuna que se mece sin fin”-, un poema cuya musicalidad está tomada de la ópera italiana, de la que era un devoto conocedor, un pájaro, la voz de la naturaleza, revela a un niño -el futuro poeta- el significado de la muerte.

Entre sus lecturas   preferidas se encuentra Tom Paine, y Elias Hicks  desarrollando un fuerte sentido racionalista y liberal, bien cercano al anarquismo. Para este entonces su mirada era rebelde, retadora y revolucionaria. Amaba con pasión la obra de Homero, la Biblia, Shakespeare, Coleridge, Dickens. Whitman vivió una vida ruidosa que desembocó en su poema “Calamus”, que refieren la crisis vivida tras un fracaso amoroso con un joven. Sus años mozos o plenitud de su juventud lo coronó entre excesos en el sexo, en la bebida y comida. Fueron los años  entre mil ochocientos cincuenta y siete y el cincuenta y nueve:.
        Liberación sexual y amor por la tierra son un mismo futuro en los textos de Whitman:

Instinto… instinto… instinto

el instinto siempre procreando el mundo.

El sexo siempre,
siempre una malla de identidades y diferencias
y la preñez y el parto siempre.
Para mí los machos y las hembras
para mí los adolescentes que luego amarán a las mujeres
para mí el hombre altivo que se encabrita ante el desprecio
para mí la novia
y la novicia.
Soy el poeta del cuerpo
y el poeta del alma.
Los placeres del cielo son míos
y los tormentos del infierno también.
Los placeres los injerto y los prolongo en mi mismo
y los tormentos, los traduzco a una nueva lengua.
Los detractores lo acusan de ser:
« (…) un poeta intelectual, profundamente herético. Tuvo también su lado neurótico, circunspecto, homosexual, autoritario, bohemio, lascivo, indolente. Lo cual equivale a decir que las actitudes de Whitman no eran exclusivamente teatrales, sino que tenían su raíz en una profunda inadaptación al ambiente en que vivió…»

Y yo me pregunto y les ruego reflexionen sobre la siguiente pregunta.

¿Qué artista en su condición de ser “artista”: perceptivo y reflexivo, se siente adaptado a vivir las injusticias que pueblan este mundo?

Mi respuesta es que no conozco ninguno, de ninguna disciplina que se sienta, todo el tiempo por no decir, toda la vida, adaptado al medio ambiente, cualquiera que fuere. Que existe en los creadores, y en muchos hombres y mujeres diversas etapas donde la realidad diaria sucumbe al idealismo existencial y los desgasta; en muchos casos dejando estragos de un nihilismo experimental e  inadaptación.

En los poemas de Walt Whitman se puede apreciar un gran amor y apego a la tierra, al ambientes; en lo social, a las luchas, contradicciones, muerte y belleza de norteamérica.  Se ha dicho, incluso, que Edgar Allan Poe pudo haber escrito sin vivir en los Estados Unidos. No así Whitman cuando dice:
Yo Tranquilo


Yo tranquilo, serenamente plantado ante la naturaleza,

amo de todo, o señora… de todo, sereno en medio de las cosas irracionales.
Imbuido como ellas, pasivo, receptivo y silencioso como ellas,
conocedor de que mi ocupación, mi pobreza, mi notoriedad y                                            mis debilidades son menos importantes de cuanto creía,
hacia el mar Mexicano, en el Manhattan o en el Tennessee o lejos, en el norte o tierra adentro, un hombre de río o un hombre de montes o de granjas de estos estados, ribereño del mar o los lagos de Canadá,
Yo, dondequiera que viva mi vida, quiero hacer frente a las contingencias
y encarar la noche, las tormentas, el hambre, el ridículo, los accidentes y los rechazos como lo hace el animal.
Al estallar la Guerra Civil Whitman ya contaba con cuarenta años, una mirada bondadosa, un carácter algo domado y una cabeza  cubierta de canas. Profundamente impresionado por la crueldad de la guerra, trabajó como enfermero civil. Cuando la contienda concluyó, ocupó un cargo gubernamental, puesto al que tuvo que renunciar en 1873 porque el Secretario de Estado consideraba que Hojas de hierba era indecente.

El aspecto humano y solidario se concretaba además de ser enfermero cuando visitaba a los enfermos mentales o mutilados que había conocido durante las batallas.

         Sólo a finales de los sesentas Whitman comenzó a ser reconocido como un poeta de importancia, especialmente en Inglaterra. Queda paralítico a causa de un infarto a finales de los sesentas, y vivía en New Jersey-. Parece que logró ver lo que había ambicionado: sus poemas eran leídos y repetidos no sólo en su país sino en el extranjero, y aunque inválido y enfermo, lejos del New York de su juventud -que terminó calificando como el sitio más estéril de la tierra- (cambio de mirada) , las visitas de personajes famosos, de poetas de prestigio continental, los asedios de los pintores, sus paseos en coche o en bote, han debido aliviarle los muchos sufrimientos por los que pasó durante sus años de oscuridad y anonimato.

         “Canto a mí mismo” es el conjunto de poemas más memorable de Whitman, es decir, son el Whitman que hoy reconocemos como uno de los poetas singulares del siglo diecinueve y el único de su clase en los Estados Unidos.  




Canto a mí mismo


Quédate conmigo hoy,

vive conmigo un día y una noche

y te mostraré el origen de todos los poemas.
Tendrás entonces todo cuanto de grande hay en la tierra y en el sol
y nada tomarás ya de segunda o tercera mano,
ni mirarás más por los ojos de los muertos,
ni te nutrirás con el espectro de los libros.
Tampoco contemplarás el mundo con mis ojos
ni tocarás las cosas con mis manos.
Aprenderás a escuchar en todas direcciones
y dejarás que la esencia del Universo se filtre por tu ser.
Whitman terminó por escandalizar, no a causa de su extensa prosa en verso, sino porque lo que veían a su alrededor, muchos de sus coetáneos, era un mundo de cartón piedra levantado sobre los muertos que habían creído en un mundo donde parecía posible la vida con sólo trabajar, con vender diariamente el fruto de un trabajo.

         En una época de sumisión a una estética plegada a los intereses del mercado, Whitman no sólo rechazó el metro y la rima sino que repudió los asuntos de la poesía elegante y convencional que idealizaba los sueños de grandeza de los banqueros e industriales. Sin ser un poema realista, “Canto a mí mismo”, recordando experiencias y empleando, insistente, giros prosaicos, da la sensación de estar en contacto con los seres, los sucesos, e incorpora a la poesía un tipo de ciudad cuyo ritmo era producto de un desarrollo que no habían conocido ni el París de Baudelaire ni el Londres de Dickens:


El parloteo en la calzada, el ruido de las ruedas de los carruajes,

el barrizal formado por las pisadas, las charla de los paseantes,

el ómnibus, el cochero con el alquila levantado,
el ruido metálico de las herraduras de los caballos sobre el piso de granito
Durante esos sus últimos años, también escribió obras en prosa de gran calidad, como los ensayos Perspectivas democráticas (1871), que se consideran en la actualidad una exposición clásica de la teoría de la democracia y sus posibilidades. Días ejemplares (1882-1883);
Por otro lado, contiene antiguos textos sobre la guerra de Secesión y el asesinato del presidente Lincoln, y notas sobre la naturaleza, escritas durante su vejez. Y en verdad, su influencia ha sido enorme: Ezra Pound, Thomas S. Eliot, Pablo Neruda, Federico García Lorca, Allen Ginsberg… Jorge Luis Borges.
Póstumamente, en 1897, apareció un nuevo ciclo de poemas, -“Ecos de la vejez”, que entró a formar parte de la versión definitiva de Hojas de hierba, editada en 1965 por Blodgett y Bradley y traducida al español por el escritor argentino Jorge Luis Borges, en 1972. 



Me celebro y me canto a mí mismo.

Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,
porque lo que yo tengo lo tienes tú
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.
Vago... e invito a vagar a mi alma.
Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra
para ver cómo crece la hierba del estío.
Mi lengua y cada molécula de mi sangre nacieron aquí,
de esta tierra y de estos vientos.
Me engendraron padres que nacieron aquí,
de padres que engendraron otros padres que nacieron aquí,
de padres hijos de esta tierra y de estos vientos también.
Tengo treinta y siete años. Mi salud es perfecta.
Y con mi aliento puro
comienzo a cantar hoy
y no terminaré mi canto hasta que muera.
Que se callen ahora las escuelas y los credos.
Atrás. A su sitio.
Sé cuál es su misión y no la olvidaré;
que nadie la olvide.
Pero ahora yo ofrezco mi pecho lo mismo al bien que al mal,
dejo hablar a todos sin restricción,
y abro de para en par las puertas a la energía original de la naturaleza
desenfrenada. (Versión de León Felipe)

domingo, mayo 05, 2013

Efecto Mariposa


 "Nadie se baña en el río dos veces
 porque todo cambia en el río
 y en el que se baña." (Heráclito)

La mutación, el cambio, la transformación, la metamorfosis de los cuerpos nos hacen rechazar, de plano, toda inercia existencial; pereza mental-física hacia las búsquedas de nuevos horizontes, de nuevas ideas, de nuevos proyectos, de nuevas formas de reinventar la realidad.  Estas se imponen de reojo… se deslizan invisibles, incluso, a contra cuerpo, hasta hacernos vivir bajo nuevos cielos sorprendentes.

El ser humano apasionado se autodefine como un guerrero a contraluz; lleno de manías y vicios que aceleran la adrenalina natural de sus cuerpos. Y cuando hablo de vicios, me refiero a la exploración de nuevas aventuras reales o ficticias; posibles o imaginarias, propias o ajenas…  cuando digo ajena me refiero a las historias que podemos descubrir en las páginas de los libros.  Soy adicta a la buena lectura.,

Las palabras subsisten cargadas de una fuerza natural que les permiten tener luz propia. Esas luces pueden encadenarse como en los adornos navideños de un gran árbol; y juntas son capaces de alumbrar millones de seres que las descubren detrás de páginas atiborradas de ellas.

Mudanza es una palabra que define mi vida.  Ha definido los cambios y los sucesos que me han sucedido y me han hecho crecer como ser humano. Cada paso, cada situación, cada mudanza fueron el principio de una gran aventura y cada aventura nos hace evaluar los escenarios diversos de la vida.  Y entre esas mudanzas siempre hay alegrías y tristezas. Hay amores y desamores, principios y finales.

Mudanza es un término que invita a dejar la piel en cada caso, en cada amor, en cada acción que ejecutemos en esta vida.  Las mudanzas pueden ser físicas o emocionales. De ambas he escrito pero quiero detenerme en la espiritual, la abstracta, la emocional…  cuando un ser querido nos dice adiós en lo físico para partir a otros mundos celestes… y cuando nos dice adiós para vivir con otra u otro, porque el amor se muda… nos dejan un gran duelo. Duelo que he tenido que vivir en lo uno y en lo otro.

El amor suele nacer y morir con bastante celeridad en personas que, al parecer, tienden a confundir los términos amor-pasión; y/o  -francamente no soy experta en el tema pero hablo de lo que viví- tienen grandes lagunas o huecos familiares, existenciales y de orden educacional. No crecieron en una familia estable que les diera el ejemplo de familiaridad indefinida y con el consabido lema: “hasta la muerte los separe”.
Para otros y es mi caso, el amor es eterno.  Si amaste amarás a pesar de los disturbios, de las peleas, de las diferencias, de la guerra que suscitan los divorcios, las separaciones y las mudanzas, que tiene que ver, en todos los casos por  la intromisión de la banal materialidad de la separación de bienes.  Por lo tanto cuando todo pasa solo queda la suma de momentos buenos que se ha vivido con él o ella.

¿Por qué si cuando nos conocemos y nos gustamos todo es belleza, todo es generosidad, todo es esplendido…al momento de la separación todo es o fue malo?

En la vida todo debe hacerse desde un ángulo de verdadera dignidad, el debido respeto y la consecuente ternura  que devienen de los momentos íntimos que se disfrutaron.

 He aprendido gracias a las mudanzas que nada es totalmente blanco o  negro…que hay una multitud de grises y tonalidades plateadas que embellecen la acción más soez.

Mudanza es cambiar de piel, es recuperar las alas para emprender nuevos vuelos, nuevos horizontes más allá de lo tangible, de la desnuda y grosera vida común.

©Elizabeth Quezada, New York, 2012.



jueves, mayo 02, 2013

Beatriz, una novela de Rubén Sánchez Féliz.



...Nos golpea en la memoria desde el pasado reciente.

 “Si el libro que leemos no nos despierta
como un puño que golpeara el cráneo,
¿para qué lo leemos?” Kafka.*


Cierro, levemente trémula, la lectura de la última línea de esta novela, BEATRIZ, del multipremiado escritor dominicano en New York, Rubén Sánchez Féliz. Una obra pequeña en cuanto a la definición de Juan José Millás porque es corta, fluida e inteligente; pero grande y poderosa desde la visión de Kafka en cuanto al efecto.* Y en cuanto a la definición del húngaro Stephen Vizinczey que clasifica a los libros en que: “unos ayudan a comprender y otros a olvidar”…

Beatriz ayuda sustancialmente a conocernos mejor como pueblo dominicano pero podría muy bien circunscribirse a otros pueblos de América y el mundo donde la opresión se cierne incoherente aplastando la cabeza del pueblo. Nos hace afianzarnos a una libertad ganada sobre la base de muchos ideales y muchos movimientos que lograron asirnos de lo que hoy disfrutamos. Beatriz se levanta desde los ideales patrios y el amor a las libertades básicas a que todo hombre y mujer tienen derecho. El autor cuenta desde la mirada de un niño-adulto, adulto-niño la real-fantasía o las imágenes oníricas que lo llevaron por esas calles de la ciudad capital de los años setenta; y cómo ella, la vecina del enfrente, Beatriz, se convierte en el hilo conductor sugerente y aglutinador de esta historia. Cubierta de un suspenso plástico casi Kafkiano alrededor de ella, su casa, su esposo Ciro Sarmientos y su hijo, Chicho, nos envuelve y nos hace ir a por más. El idealismo y las luchas se concentran en ella. Hay coloquialismos obvios y fáciles de entender para los que no conocen la jerga de la calle; pero vitales para la construcción costumbrista de las escenas comprometidas. Mutables a cualquier rincón iberoamericano.

Ligeramente poseída, algo frenética, explícitamente excitada como si irrumpiera de pronto a la realidad del aquí y el ahora. Me doy cuenta que estuve sustraída de mí, vagando inmersa en las calles de Villa Juana y sus alrededores. Disfrutando el olor de la leña y tiznándome con el carbón prehistórico de los años setenta cuando la memoria inducida nos marca más que un lustro a nuestra vida en esta tierra; pero sintiendo la misma familiaridad que todos. Y sintiendo la complicidad otrora del vecino, la vida y costumbres urbanas de la gente común y corriente que fuimos todos, cuando fuimos pocos los privilegiados y muchos los desfavorecidos. Cuando se levantaban movimientos ideológicos a contraluz… a contra patio; porque el gen maquiavélico del pasado poder supremo  y absoluto del jefe (aquel que torturó y mató salvajemente a las mariposas Mirabal- luciérnagas eternas, y a muchos otros) todavía seguía vivo y diseminado en los doces años de su sucesor.

Y el libro me llevó a las calles y sus humaredas de silencio. A la época del chivato y del soplón; del policía y funcionario venal y embaucador que usaba su poderío para conseguir dotes que llenaban sus arcas. A los cuchicheos de vecinas. A las infaustas noticias de apresamiento y futuras desapariciones.   A los disturbios en los liceos, ya cursando los   primeros años del bachillerato… y casi me sofoco con alguna bomba lacrimógena que nos tiran por el solo hecho de protestar. Y a los silentes que es representado por la mudez de Chicho. A quien se le prohíbe comentar nada de lo que escucha en su casa para no arriesgar a los dirigentes.

Y termino de una sentada toda una obra costumbrista, socio-política y reminiscente de una época que conjuré no tener que vivir jamás. Beatriz es rica por demás en recursos estéticos, figuras literarias como la descripción elevada a su mayor esplendor… metáforas y simbolismos que enriquecen su lectura y su comprensión.

“Beatriz sale, con prisa, rodeada de una nube de luciérnagas que parecen delinear sus contornos…”, pp. 78

El autor se vale de simbolismos pero sobre todo de un arte en la redacción donde el recurso de la descripción engalana de una forma plástica como si estuviésemos viendo la pantalla  o proyector de “Bocota” -uno de los personajes principales-, toda la novela.

Describe de una forma minimalista pero certera, creíble, nada abultado cada rasgo importante de todos los personajes. Podría decir que tiene bastante de la técnica refinada del premio Nóbel Gabriel García Márquez. Le da importancia vital a cada personaje. Lo lija y lo desmenuza a fin de que comprendamos sus posiciones ideológicas.

Por ej., definiendo a Ciro Sarmientos, padre de Chicho, quien desapareció convirtiéndose en luciérnaga lo describe:

“Ciro Sarmientos. Así se llama el papá de Chicho. El que llegaba del trabajo a las seis, con un maletín y su saco negro de rayas-… Los sábados se la pasaba en el patio leyendo libros y haciendo cuentos. Dicen que a veces, casi siempre de tarde, se trancaba con un señor, amigo suyo que no vivia en el barrio  que llegaba en motor a hablar sólo Dios sabe qué cosas.”

Digo simbolismo en lo que respecta a: número de la casa del enfrente. -9- Donde vive Beatriz que no es hacia la mitad del libro que sabemos a qué se dedica y la importancia primordial en la historia. Su vinculación a los hechos y la carga ideológica que la sostiene. El 9… Número que sale (en la lotería) justamente cuando en el operativo se sugiere desmatelar aquella casa que el niño siempre vio apagada, cerrada, como que guardaba algo.

Y sobre su mejor amigo Chicho, hijo de Beatriz nos dice lo siguiente:

“Chicho se va a pasar toda la vida encerrado en su casa llena de sombras…hace tanto que no lo veo que hasta se me está olvidando su rostro, pero lo que no puedo olvidar es su casa, la de enfrente, la número 9”. , pp. 51

Otro simbolismo es el nombre del gato de Haché, -MAO- y nos lleva a todos los lectores que una vez quisimos conocer sobre el comunismo-socialismo, sobre todo en la figura de Mao Tse-Tung, representado por Haché que es el “lector” por excelencia-escritor que siempre escribía “croniquillas” que decían “la verdad”, contrario a las noticias oficiales.

Otro simbolismo, triste e inolvidable son las metáforas a las luciérnagas:

“Y por las noches, además de las estrellas sólo se ven cepillos (Volkswagen) patrullas y uno que otro policía… Pero las luciérnagas siguen saliendo.”, pp.68


Muerte y silencio, calles custodiadas…opresión y falta de libertades. Lucha por un futuro mejor son los temas que encontrarás en la obra. Y me inducen a dejar la siguiente cita, justamente de Mao.

“No existen caminos rectos en el mundo; debemos estar preparados para seguir un camino sinuoso y no tratar de conseguir las cosas a bajo precio.” Mao Tse-tung

El peso: dinero que le entregaba Fermín a los policías (corruptos) a fin de comprar tiempo y  tranquilidad para su negocio es otro símbolo en esta historia. El personaje de Fermín representa el miedo. Esas personas que no se quieren involucrar en los cambios ni del otro lado del poder por miedo a morir. Fermín era el padre de “Emilio” que al igual que Beatriz, Pastor, Haché y Bocota eran delegados de un partido que luchaba por acabar con la opresión.

La actitud de Fermín me recuerda a la de gente muy querida, que no comprendía en ese momento y me recuerda la siguiente cita del ex presidente de los Estados Unidos:

“Cuando el miedo desplaza a la razón, el resultado suele ser odio y división irracionales.” Al Gore.


Con bellas construcciones como: “…bajo ese sol caribe que magulla.” O…”sol de mediodía que achicharra todo el barrio, combatiendo un sudor mojado y espeso…”, pp.38
Es que discurrimos en la lectura de esta fascinante e inquietante novela que además y como si fuera poco, todo lo antes dicho, nos mantiene en ese suspenso orgánico de las historias bien contadas. Amor telúrico y orgánico por nuestro caribe, por nuestro sol. Y grandes dotes de artífice de este género son las cualidades que podrían endosársele al autor.

Por último pero no menos importante es que al leer Beatriz sientes que sales del sueño lúcido de un adulto (autor) que se vuelve niño y que se vale, ineludiblemente, de la ficción para darle cuerpo a unos personajes borrosos, que quizás fueron reales en el tiempo, en su imaginación, en un pasado reciente que todos los que pasamos de cuarenta… vivimos. Todos conocimos a un Emilio, a un Ciro desaparecido, a un Pastor, a Cecilia la representante de los juegos de azar del barrio. A Fermín el conservador y a Bocota y Haché los activistas con caretas. A una Dulce, esposa de Fermín y sustentadora de los propósitos libertarios de su hijastro, Emilio; y a una Beatriz, viuda; pero más que nada propulsora de grandes ideales contra los que mantenían un poder por más de cuarenta y dos años.

Aquí lo importante es tener la sagacidad, el oficio y la pericia para engarzar una historia que nos golpea la cabeza y nos hace reflexionar sobre la sociedad entonces y la actual. Un indiscutible éxito literario de Rubén Sánchez Féliz no sólo por el premio que se le otorgara pero si por la historia bien lograda. ¡Felicidades!

Invito a leer esta apasionante novela que editan y publican mis amigos de MediaIsla-Editores, LTD. 2013.


Elizabeth Quezada
Domingo, 14 de abril, 2013.RD

domingo, abril 21, 2013

“Do you know where you’re going to?”



Capítulo 4
“Do you know where you’re going to?”(¿Sabes a dónde vas?)
 “Sólo el gran dolor, ese dolor prolongado y lento que se lleva su tiempo y en el que, por así decirlo, nos consumimos como leña verde, nos obliga a los filósofos a descender a nuestro último abismo, a despojarnos de toda confianza, de toda benevolencia, de todo ocultamiento, de toda suavidad, de toda solución a medias, donde quizás habíamos colocado antes nuestra humanidad. Dudo que semejante dolor nos "mejore" -pero sé que nos hace más profundos.”- F. Nietzsche
Por  Elizabeth Quezada

¿Sabes tú a donde ir, donde vas cuando hay un dolor viejo, olvidado, o sin razón, irracional, atemporal, angustia creativa o delirio selectivo sólo para esos momentos cuando no se está para nadie ni para nada? Las ideas se agolpan en tu cabeza como en filas de famélicos en busca de comida gratis en un comedor económico-público. Y esas ideas parecen voces que te gritan, que te exigen que escribas. Voces disímiles que te excitan a comunicarte, a hilar ese entramado abstracto de letras sin cuerpo físico ávidas de figurar en tinta o en un simple monitor. El final no importa, lo que si importa es el proceso de creación… La mente racional vuelve en sí y hace el trabajo de corrección y estilo. El acto creativo es un producto de vivencias con alegrías y dolores acumulados; pero en el cálculo de los perjuicios siempre hay momentos donde el miedo se escapa y podemos ser felices. Escucho a Diana Ross otra integrante del movimiento artístico Motown que canta “Do you know where you`re going to” y las lágrimas que se quedaron en suspenso, detenidas, en espera, como cuando se espera un avión para partir a nuestro destino final se deslizan en patines sobre una pista de hielo en un Lincoln Center de New York. Y una de esas lágrimas se congela; ya es invierno en nuestras vidas.

Y ese hilo salado que se desliza desde la mirada sorprendida, sin prevenir, sin citas previas, sin anuncios luctuosos nace desde que tengo razón que es un tiempo relativamente largo, toda la vida. Desde que el corazón se me convirtió en piedra… desde que los zancudos se comen mi piel, me pican el hambre, me comen lentamente dentro del ámbar que un día fui. Y esa solución acuosa crece como río bravo, como corriente desatada por la naturaleza que corre junto al dolor, junto a las partidas, los dolores, los desencuentros. El adiós.

Y esa solución acuosa que crece como río bravo, como corriente desatada por la naturaleza que corre veloz y huye, huye del dolor, de los dolores, de las partidas ven  como los fantasmas se suman alrededor de la cama. Como los seres queridos se esfuman y se hacen olvido ante los ojos azorados de niños que no entienden de muerte y no entienden de miedos y mucho menos de dolores, pero si de soledades aprendidas a destiempo.


Cómo ser feliz con la ausencia si la muerte nos respira por la espalda. Y la mesa se queda vacía llena de soledad. Aunque en Aguas Vivas, Clarice Lispector dice: “Lo único que estropea la felicidad es el miedo” ¡cómo hacer cuando el dolor da miedo! Y el miedo duele muy cercano… muy reciente.

Y una se seca, se exprime o se expande… O se envuelve en un lienzo de trazos grises, moteados con furia. Reinventas un Pollock o te vuelves el girasol de Van Gogh. O nos hacemos nada. Nos negamos a todo y a nosotros mismos. El nihilismo nos pervierte y nos asemeja “Andy Warhol”. Nos repetimos como aquella obra de Marilyn. Desaparecemos hasta de nuestra mirada interior. Nos metemos en un hueco oscuro, y caemos profundo y tocamos fondo y nos creemos mierda, y nos persigue ella: la muerte. Y la buscamos, y nos perdemos en licor y drogas. Pero la muerte llega cuando llega. Y aparece una luz al final del corredor: la luz de la razón que nos habla.

La muerte llega y se instala en la memoria y duele: y duele que duela y duele que olvide. Y la lágrima se hizo fósil en mi corazón. Desde que siendo joven vieja perdí la confianza en los otros. En el amor eterno. Ahora sé que amor y pasión no es lo mismo. Porque yo también he amado a uno y deseado a otro: otro desencuentro. Otro error. Otro dolor. Es que viví con la tristeza a cuesta desde hace un tiempo relativamente largo, toda la vida.

¿Recuerdan que el corazón se me convirtió en piedra?  Y la vida es tan compleja que es Tánato, finalmente, quien nos aguarda ebrio en la eternidad luego de arder en los brazos de Eros en soledades compartidas.


sábado, abril 20, 2013

Diario de una lunátika

“Pudo ser mágico”

Obra de E.Munch                                                          3



“Quiso cantar, cantar  para  olvidar su vida verdadera de mentiras,  y recordar su mentirosa vida de verdades”. Octavio Paz

 by Elizabeth Quezada
Como una espesa bruma que se filtra en mi memoria recuerdo fragmentos de una época que, como la arena, se me escapa entre los dedos. La veo a ella, que no soy yo. Veo una joven-niña en la iglesia todos los domingos y días de fiesta. Cubierta con una mantilla de finos hilos entretejidos de un blanco inmaculado cual virgen revestida de virtud. Rezar con devoción para llegar a tener dieciocho años fue su loco afán. Rezaba su padrenuestro al levantarse y al acostarse para lograr sus propósitos inmediatos. Ella quería vestirse de mujer, mostrar sus atributos erectos, desafiantes. Ponerse tacones, colorearse la cara. Salir de esa cárcel de virtudes  impuestas, y conocer la vida. Ser libre. Volar hacia la independencia del yo, del ella. Conocer y experimentar las sensaciones que ya se iban descubriendo en su cuerpo marcado de disciplina a   punta de leño. No era un secreto el calor que brotaba de su entrepierna al frotarse con el borde de la mesa; y en la tina cuando el agua a presión la hacía estremecerce embriagada.  Enloquecía de deseos. Poseída de tentaciones la llevaron al monte para ofrecerle vida piel a piel.
Anhelaba crecer como soplo de viento, que sus caderas latinas se engrosaran y  su pecho se encumbrara como colina presta a ser calada.  Ella quería ponerse hermosa como la tía universitaria a quienes todos admiran; conducir su tiempo y su horario. Vivir el amor y la vida. Quería conocer el sabor de los besos. Salir a bailar a la disco hasta las doce en las noches de sábado con el vestidito blanco tipo Marilyn-Monroe, listo a encaramarse hasta la cintura al compás de los ritmos de finales de los ochenta, y ser parte de la fiebre.

Y todo creció, se abultó, se multiplicó en tantas piezas que aún hoy es difícil de unir. Con la espalda descubierta, pero forrada con  su espesa melena que ondeaba al viento olores puros, efluvios cargados de gracia y feromonas, se fue a la disco con sus amigos y amigas. Vivió la fiebre cada sábado a ritmo de la luces de “La nuit” o de “Tempo”… Las madrugadas fueron monumentales comiendo sándwich de pierna con cervezas bien frías, o quipes baracoeros,  luego de dejar el sudor y las ansias envueltas en celofán. Nos quedábamos  para  ir al encuentro del sol de domingo justo a los pies del monumento a los héroes de un Santiago que duerme como su río Yaque. Y como heroínas y héroes levantamos la antorcha de la libertad justo como aquella que pernocta cercana a la isla de Manhattan. Los   deseos prohibidos, ondeaban junto a su falda alucinante y su  ritmo: todo para  revelar más allá de las piernas, su  inflado sexo que la llevó a una locura temporal.  Fue una fiebre de deseos confesos, neurosis de la piel que clama sedienta en compulsión. Un hombre-eros de mentiras que sólo le importó satisfacer el momento sin las flores ni los anillos, ni serenatas, mucho menos las promesas o el compromiso. Y bailó a ritmo de Donna Summer y su “Could be magic” (Pudo ser mágico) cuando creía que no lo era.
Cuando comenzó a verse mujer, a sentirse y ser una mujer supo que pudo ser mágico aunque los rastros de su corazón roto quedaron fosilizados en esa era de ámbar, como un simple escarabajo diminuto dentro de una piedra semipreciosa. El amor se pintaba de colores y la pasión la vistió de escarlata, hechizando el aire que respiraba y esa risa maniática y contagiosa de la edad recién estrenada. Con esas  carcajadas que exponían hasta el pensamiento, sin rubores ni vergüenzas; y la credulidad intacta hasta sucumbir a la magia y caer en las sábanas de un experto ladrón de carne-fresca.
Pudo ser mágico como dice la canción de Summer que tantas veces bailaron. Y Roberta Flack la hizo morbosa, laxa, masoquista y suicida de amores cuando por vez primera cantó “Killing me softly” (mátame suavemente) y supo que el amor es como un vampiro hambriento de sangre: chupa, succiona, se alimenta hasta matar. Como una víbora insaciable envenena a su víctima sin motivo. Supo que el amor la hizo reír y llorar. El amor la hizo morir y seguir viviendo. Y es que el amor te levanta en un ala y te deja caer desde una nube imaginaria. No supo que el amor se guarda para alguien especial que lo aguarda, que lo espera. No lo supo porque el amor para ella era una vara, -una pela por cualquier cosa- un vestido nuevo o un regaño. El amor era tener muchas muñecas y hablar con ellas. El amor era ser obediente siendo rebelde innata. Tampoco supo que el amor es paciente, que el amor espera. Que el amor existe pero tiene otras caras. Quiso salir a buscarlo pero se dio cuenta que la libertad cuesta y su piel tatuó el amor que no era amor. Que le pintaron amor por pajaritos en el aire. Ella se da cuenta de la imposibilidad sin entender un carajo sobre los deseos fortuitos y la teoría de Lacan o la de Sartre.
Y ya no bailaba la salsa que tanto le gustaba en la voz del grupo Niche o el canario; ya no fue más el centro de atención cuando sonaba “Last Dance” junto a las chicas Bustamante, que se disponían a sacarle el brillo a los tacones. La discoteca se convirtió en un espacio lejano, vacío, sin risas, con ruidos y heridas. Los temas del momento ya no fueron sus preferidos. Incursionó en los clásicos, las artes, los muertos que, como ella, eran luz apagada, solo sombras. Aprendió con la experiencia que los seres humanos: “Si amamos no deseamos. Si deseamos, no amamos” como dice Freud. Ciertamente, pudo ser mágica su primera experiencia en el amor, pero no lo fue. Un nudo de imposibilidades la ató hasta que quiso vomitarlo ex  profeso, para quedar desatada y no parar de escribir su nombre.