Noche oscura del alma: Oportunidad de renacer.

“(...) el alma se alimenta de la oscuridad tanto como de la luz.” Thomas Moore). Este final inicio de siglo de era nos toma de sorpresa a todos y nos enmudece literalmente bajo un ataque viral que sacude a todo el globo terráqueo con una pandemia que nos ha robado a cientos de miles de seres humanos entre ellos amigos entrañables . Nos ha hecho enfrentar una realidad nunca antes vivida por nosotros. Si bien es cierto que cataclismos similares ya habían sucedido en otras épocas de desarrollo del hombre en la tierra. Todos coincidimos en que este dos mil veinte nos ha hecho revalorizar los aprendizajes adquiridos a lo largo de nuestro paso por esta línea de tiempo; y conquistar otros como las nuevas formas y costumbres de convivencia humana. Dentro de esa caterva de informaciones pertinentes, unas han sido buenas para detener la propagación del virus; y otras... no tanto, justamente, por la necesidad de un distanciamiento social hasta en el interior de nuestra intimidad en el hogar, en beneficio de ese instinto natural de conservación, porque quiérase o no: todos queremos vivir. Todo se traspala a una vida más al interior de nuestras viviendas donde lo virtual el servicio del delivery las formas de pago con tarjetas de crédito y la desconfianza pintada en los rostros de los otros y los nuestros, cobra protagonismo. Es cierto, no obstante, que ya esa moda estaba siendo ejecutada desde hace un buen tiempo donde la gente parecía estar más a gusto socializando por medio de sus celulares y computadores antes que personalmente ... ahora simplemente se generalizó y estandarizó por no decir que se hizo popular y lo que nadie quiere escuchar: se obligó. Antes los chat grupales, tipo IRC, yahoo, redes, etc., diseñaron poco a poco esta tendencia de la deshumanización si se quiere, o nuevas formas de expresar el afecto y la vida social en la distancia. Fuimos tan ingenuos de creernos el cuento de la globalización de la comunicación y la posibilidad de tener al mundo entero a punta de un clic. Amén de socializar y tener la anhelada suma de un millón de amigos, que finalmente son desconocidos tras las cortinas. Se sacralizó el dedito apuntando para arriba. Con esto no infravaloro la posibilidad de entablar verdaderos lazos de hermandad con gente de otras culturas, lenguas, y sistemas de creencias. En ese sentido, cuando se da el flechazo, la química, ese ‘J’ne se pas’ que hace que dos personas se conecten en lazos genuinos de amistad o enamoramiento, admiración o rechazo sucede. Porque el rechazo aludido (dislike) es la otra punta del amor-odio, que también es interesante. Existe ese puente que nos acerca o nos aleja de unos y otros. Son inexplicables muchas veces las conexiones que logramos cuando sentimos verdadera empatía hasta rozar el amor con esos amigos en la distancia. La indiferencia por el contrario es el sentimiento que nadie quiere presenciar ni obtener en ese intercambio disoluto y pasajero en la redes, pero en la vida misma. De modo que no satanizo las redes sociales; pero me da tristeza que estas generaciones no cuenten con el acercamiento piel a piel; de piedrecitas a la ventana o que no escalen troncos gruesos para asaltar veredas, patios, etc. No jueguen a nuestros juegos inocentes pero llenos de sinestesia que ni en un millón de años podrá inventar la robótica ni la informática. Fuimos afortunados. Me entristece la frialdad de nuestros descendientes. La evolución paulatina pero persistente de la transhumanizacion planificada o pronosticada en libros con tintes de autoayuda. (Homo Deus de Harari) Me pregunto: ¿es el camino inminente hacia un futuro cyberhumano donde la nanotecnología sea la solución a todo problema humano que nos deshumanice?, mientras escucho ese himno que inmortalizara al compositor Irving Berlín, ‘Blanca navidad’ (White Christmas) y cientos de recuerdos me empaparon como con un balde de agua tibia a pesar del frio que se supone en diversos puntos geográficos: a pesar de los copos de nieve, a pesar de una soledad marcada por el desamor y la lejanía; a pesar de los presagios y las noticias funestas... las campanas de la navidad comienzan a repicar. No sé si soy yo siempre dispuesta a ver el vaso medio lleno; pero noto un aumento de luces en las ventanas de los edificios y las casas en este principio de festejos que usualmente inicia luego de la noche de acción de gracias (thanksgiving). La gente tiene esperanza y es bueno. Lo malo es pecar de ingenuidad y tirar por el excusado los protocolos de seguridad. Estas campanas, esas luces, anuncian natividad, re-nacimiento; anuncian como esas estrellas guiaron a los tres reyes y anunciaron al niño Jesús en un pesebre. Anuncian que siempre la luz vencerá las tinieblas; el bien sobre el mal. El amor frente a las injusticias. Anuncian un nuevo amanecer, un nuevo tiempo, una nueva conciencia. Conciencia de ojos abiertos, no ciegos queriendo ocultar la verdad. Esa conciencia individual que construimos desde niños y nos invita a permanecer en ese lugar seguro para no perder la ingenuidad, la nobleza, la franqueza, la oportunidad de sorprendernos con todo y nada nos invita ahora a creer en los otros. Nos invita a darnos, a compartirnos, a dejar los egos atrás. Esa conciencia que es propia, única; pero forma parte de un colectivo que somos todos: la humanidad. Ojo con darle importancia a las singularidades. Y esa es la meta en este viejo y nuevo año. Escribir con sangre lo aprendido. Valorizar lo nimio pero lo que nos da paz, armonía, amor. Fijar con tinta indeleble que si no nos unimos vamos camino a la destrucción del Ser humano. Lo único que nos mantiene a salvo es ese cambio de conciencia donde no cabe el egoísmo, ni lo particular si no el bien común. Yo soy tú. Tú eres yo. Somos todos. Dejemos de ver la paja en el ojo ajeno. Somos espejos y tenemos que sanarnos de dentro hacia afuera. Dejemos de culpar a los otros de nuestros desaciertos. Vamos a renacer desde la oscuridad. Escucho otro himno ‘Noche de Paz’, que me hace verter lágrimas de emoción y me impiden seguir escribiendo... me veo allí en el coro a capella en la catedral de Santiago, con más cabellos que rostro, pletórica de juventud y esperanza... con ese deseo irrefrenable de hacernos adultos a la brevedad y tener una vida que ahora está pasando -muy rápido para mi gusto. Y me despido con un tema de navidad que me encanta: Oh noche Santa . (¡Oh noche santa, hermosas las estrellas...!) Vamos a unir nuestros corazones en una sola petición: que esta noche oscura del alma termine y de paso a nuevos aires para toda la especie humana. ¡Feliz Navidad y grandes bendiciones para el dos mil veintiuno! EliQ. 29/11/20.

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