Más allá de la nada, del todo... Dios.

Por Elizabeth Quezada

 “¡Oh Voltaire! ¡Oh humanidad! ¡Oh imbecilidad! La «verdad», la investigación de la verdad, son cosas difíciles, y si el hombre obra con demasiada humanidad, «si busca la verdad para hacer el bien», os apuesto a que no halla nada.” F. Nietszche (Más allá del bien y del mal)

“Clama a mí y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.” Santa Biblia: Jeremías 33: 3

Los seres humanos vivimos buscando infinitamente todas las respuestas que nos expliquen nuestra existencia: el principio y el fin. La vida y la muerte. Y navegamos en un mar de dudas en busca de las posibilidades. La cosa va más allá de la contingencia. De las disyuntivas: del bien y del mal. Muchos seres humanos, por no incluir a la mayoría, llegamos al límite en algún momento de nuestras vidas. Es como situarse al borde de un gran precipicio e intentar saltar al vacío cuando las opciones parecen agotarse. Algunos lo hacemos y nos dejamos engullir, tragar, literalmente, por un pozo profundo para vivir “la verdadera cara del infortunio” porque aunque somos muchos los inconformes y los fastidiados existencialistas a destajo; existen por el contrario, otros seres, que sí pudiesen valorar como fatídica y ominosa su existencia por causas genéticas, invalidez tácita, guerras constantes, o sistemas programados de pobreza extrema… y no lo hacen. Tienen tiempo de sonreír con la panza vacía de alimento; pero llena de helmintos . Hay tanto dolor y precariedad en el mundo que un flaco favor se hace cuando nos quejamos por cosas materiales e inútiles depresiones que no son necesarias. Y es que se necesita tan poco para vivir feliz, en paz y en armonía con la naturaleza.

¡Chispas!, dirán, pero, -quién nos quita el pensar-. Dice Nietzsche en Más allá del bien y del mal, citando a quien llama -último gran filósofo-: Stendhal, cuando dice: «Para ser buen filósofo es necesario ser seco, claro, sin ilusiones.»

El ser humano, ( hombre, mujer) es por naturaleza, inconforme. Y esa inconformidad lo lleva a negar el momento presente: Tiene blanco quiere negro. Vive en lugares cálidos, quiere frio. Los que viven en el campo, quieren venir a la ciudad, a la gran ciudad. ¿Se imaginan la cantidad de smog que contiene una cosmopolita industrializada? Una ciudad es mientras más moderna más tóxica. Cabe el refrán: "no es lo mismo llamar al diablo, que verlo llegar." No es gratuito que todo el que tiene dos pesos construya casas en las afueras de la ciudad cuando no cabañas de madera en la montaña. Soy una defensora uno-A de las comodidades ultra-modernas, aunque sé que puedo subsistir sin ellas y estar bien. Una máquina Olimpia puede hacer que escriba sin las continuas actualizaciones del demandante mundo de la red. Y si no, lápiz y papel. De modo que las necesidades son creadas. Siempre hay algo que puede sustituir lo existente. No hay nada ni nadie imprescindible.
Parece que el ser humano no puede vivir sin ataduras. Y las hay de todos los colores y sabores; favorables y desfavorables. Nos ata el amor-pasión, nos ata la comida, nos ata la vanidad, nos ata el cigarrillo y peor aún, nos ata la soberbia de creer que siempre tenemos la razón y que somos invencibles. No obstante, la era de la –sin razón- ha llegado. Ya lo dijo Hegel y lo publicó Nietszche, “Dios ha muerto”…lo que tenemos es un antropomorfismo y panteísmo. La medida del hombre es el hombre mismo como dijo Protágoras: “El hombre es la medida de todas las cosas. No hay divinidad, no hay misterios. Y toda índole de perversiones ha sujetado al hombre hasta esclavizarlo.


 “Somos espíritus libres” ha dicho Nietszche y sin entenderlo el hombre se ha avocado a una era donde todo es relativo. Pero, amigo, amiga, ¡no se escandalice!, los vicios son inmoralidades tan perversos como la infidelidad, como la traición, como el robo y el asesinato. Desde el vicio de la droga, el cigarrillo, el alcohol hasta el vicio de la gula, la envidia, la vanidad, el orgullo y la arrogancia. Siempre dejamos de lado los “pecados capitales” que llamaremos -grandes males- para no descartar a los agnósticos…estos males suelen esconderse debajo de la piel estanca de nuestra conciencia. Y aparecen en estricta comunión familiar e intima. Por eso es que la oscuridad se busca en casa. En el aposento bajo cuando se han desatado las máscaras.  Cuando el hombre o la mujer o el joven se enajena en el alcohol o droga lo hace un tanto más rápido; es un suicidio social, a capella… puede ser visto y enjuiciado por todos. No obstante, cuando la persona se corroe internamente y simula, engaña, manipula y se pone caretas es imposible catar el verdadero rostro escondido en todos esos modelos de vida. La perversión es un mal solitario, íntimo, que se auto-construye en soledad hasta acabar con su presa. Y por algo el autor del libro “La manipulación de los espejos” Roberto Marcallé-Abreu dice en boca de uno de sus personajes lo siguiente: “La verdad, no es lo que aparece frente a tus ojos, no. Es huidiza, inasible, compleja.”*pp.357


Y como la verdad es tan difícil de atrapar vamos a por los "efectos de la verdad" y el bienestar o felicidad. Sabemos que la felicidad es efímera pero se construye de segundo a segundo. Se vela por ella. Se le prenda una luz y se le reza. A la felicidad hay que conquistarla.

 ¿Cómo se la conquista? Primero conociéndose bien. No seremos perfectos pero trataremos de limar nuestras asperezas como se hace con el diamante en bruto. Como una piedra nos lijaremos y desataremos las manías y los vicios que nos atan. Nadie puede hacerlo por nosotros. Pienso que es el gran reto de la existencia. Vinimos para ser mejores. Para construirnos y reconstruirnos desde el ensayo prueba-error. Por eso nadie puede hacer que alguien deje sus vicios: de fumar, de ser infiel, de ser insaciable o envidioso.

En segundo lugar eludiremos obstáculos y nos mantendremos firmes en nuestro camino con la meta reflejada en la mirada.Una persona con objetivos, con metas claras, no tiene tiempo para mezquindades ni pusilanimerías.

Y tercero, lucharemos por el amor verdadero que no es el que conviene sino el que necesito dar.

El amor que nos llena es el que damos, no el que recibimos. Por eso hay tanta sabiduría en la frase que dijo el maestro Jesús: “Hay mayor felicidad en dar que en recibir.” Hechos 20, 35

La persona que se conoce y sabe lo que quiere lo proyecta, lo emana, lo irradia. Algo para mí vital es la compasión, no hay virtud más grande luego del amor, la fe y la esperanza. Por último exhorto a mantener un espíritu abierto para la concepción de lo divino, de lo mágico. De un Dios Superior-Ente divino, o de una pacha-mama bendita. Un universo paralelo de inteligencia avanzada donde viajaremos a reencontrarnos con los idos, -con otra cara, otro nombre-, con los duendes, las musas o los ángeles. ¡Cuando creemos que no estamos solos, no lo estaremos más!

Vamos a poner la mirada en esos seres que presentimos; seres especiales, invisibles que “posiblemente” nos ven, que nos cuidan, que nos vigilan, que nos acercan a la luz. ¡Huye de la oscuridad! Deja la puerta abierta para que entre la luz. Por si acaso.



©Elizabeth Quezada, Santiago, 2012.

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