“Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien…” Luís Cernuda
Una colisión inesperada: dos miradas incógnitas se hacen el amor… A primera vista la pasión pone a arder el futuro ajeno. Ella sintió la reciedumbre in crescendo de su deseo de estreno. Una hebra de sus rizos quedó enredada entre sus dedos como huella del desencuentro. El tren se detuvo. El guapo afro-antillano de estilo clásico, de negro hasta la piel, salió sin dejar de verla. No fue la primera vez, ni la última. Ella se quedó con su mirada envuelta en humos carbónicos y celofán.
Ya sabían que era un amor eternamente fortuito, eventualmente fugaz, como esa primera vez, cuando algo los empujó a uno encima del otro, y todo comenzó bailando y cuando conocieron sus labios y se comieron a besos. Se tenían un apetito voraz. Vivieron ese amor de citas interrumpidas por algunos años. Fue un amor de un extenso discurso común donde brilla la mirada; de muchas carcajadas y buen humor, de una variedad de salas de arte, de museos, de caminatas bajo la lluvia, bajo el frío: bajo ese amor de invierno, lleno de canas y ganas. Y aunque el downtown de Manhattan permaneciera abarrotado de autómatas grises, hablando solos con sus “hands-free” colgados en el pecho y las miradas perdidas, siempre se sintieron solos en ese mundo vertiginoso y capitalista, como flotando en una bola de cristal con sus deseos a cuesta; a sabiendas que ese amor podía romperse en cualquier momento al colapsar con el mundo real.
El no tuvo ojos para nadie cuando estuvo con ella. Ella no tenía oídos para nada sólo para él. Y cuando una nube pasa ligera siempre lo recuerda, con su poema de Aleixandre, con su son y sus óleos; y su imposibilidad de amarla sólo a ella. Ya tenía dueña, él, que era un espíritu libre ya era cautivo. Y así supo que es posible amar a dos al mismo tiempo y que las rejas pueden ser dulces y amargas.
Elizabeth Quezada Derechosreservados (Tout ou rien, fragmento de novela)

Elizabeth Quezada Derechosreservados (Tout ou rien, fragmento de novela)
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